Los estragos de esta guerra no tan obvia pasaban desapercibidos y todos, todas, eran felices. Pero a ella -como a mí- los silencios le dibujaban cicatrices, o cicatridoras, o hijas del espanto del sol de mediodía, de los abusos de las luces blancas… Algunas veces, mientras toda la hipocresía de la ciudad dormía en la puerta de al lado, aquí entre las cenizas aun calientes de los cuerpos que se encuentran, corría juguetona la sangre agridulce de los desengaños.
Despierta y despierto, sabían que las horas y sus minutos estaban contadas, y contados, pero igual esperaron desnudos al fénix que de su encuentro nacía. Era el riesgo de amar en tiempos de cólera, era el precio de creer y luchar; era el no saber si las lunas volverían a sus mares, el sentir la muerte respirando en el cuello y sonreírle, eran las calles de Nueva York, o los bares de mala muerte de Santo Domingo, era el deseo vestido de inmortalidad, era… el…
Él yacía despierto, estaba siempre despierto. De esa sensación de dormir plácidamente toda la noche recordaba tan solo una idea vaga. Igual, dormir le importaba poco. Conservaba aún esta imagen infantil de que dormir era casi como dejar de vivir. A ella, en cambio, el sueño le parecía una bendición y dormía hermosa. Su cara proyectaba cada emoción cosa que, a él, le fascinaba. Cuando estaban juntos pasaba noches enteras contemplándola, adivinando qué soñaba o creando historias y versos como respondiendo a los signos de su rostro.
Pero esa noche, la de los cielos más rojos, no había podido dormir. Cerraba los ojos más le era imposible conciliar el preciado privilegio de la inconciencia. La notó angustiada, y él, que estaba siempre despierto, conociendo de sobra sus motivos, se acercó a sus oídos y acariciando su pelo y su vientre, le susurró:
Perdido en este lado de la orilla de tu boca
sueño con serpientes que nos beben sorbo a sorbo.
El púrpura celoso nos abraza
nos engulle verso a codo a lenguas dedos y ombligos
hasta que verso a beso
en los jugos de su vientre
húmedos y felices gemimos cantos dulces
que mañana extrañaremos.
Ella, sin abrir los ojos sonrió, lo apretó tiernamente contra sí y en voz baja dijo: soñaba con costillas.. amor, soñaba con costillas..
Marzo 30, 2008 a las 8:14 pm
ella soñaba con costillas, despues de esto yo soñaré con el.
Marzo 30, 2008 a las 9:11 pm
“el no saber si las lunas volverían a sus mares,” can’t help but thinking if they really will …. there is something that makes me read it over and over again, and just think of something different everytime, anyway i think its great and ill probably be reading it over and over again for a while .