La moneda cayó por tercera vez. De haberlo deseado todo hubiese terminado aquí… Cara. Perdí. Así que empezamos de nuevo. Nos unían aún el sabor a sal de las pieles mojadas, el odio hipócrita a Cortázar, la incertidumbre del próximo encuentro.
Era la segunda luna de mayo y pronto debían subir las mareas. Mientras tanto: insomnio. Insomnio de uñas, dedos, piernas, espaldas y suspiros; dulce insomnio de cantos, versos y lenguas… De antemano sabíamos que perder, y perder, nunca han sido lo mismo, sin embargo, también sabíamos que esta vez había perdido yo. Sonó el teléfono… desapareció.
Escrito por larosayelclown