UN PRELUDIO REPLETO DE AZARES

Abril 1, 2008

La moneda cayó por tercera vez. De haberlo deseado todo hubiese terminado aquí… Cara. Perdí. Así que empezamos de nuevo. Nos unían aún el sabor a sal de las pieles mojadas, el odio hipócrita a Cortázar, la incertidumbre del próximo encuentro. 

Era la segunda luna de mayo y pronto debían subir las mareas. Mientras tanto: insomnio. Insomnio de uñas, dedos, piernas, espaldas y suspiros; dulce insomnio de cantos, versos y lenguas… De antemano sabíamos que perder, y perder, nunca han sido lo mismo, sin embargo, también sabíamos que esta vez había perdido yo. Sonó el teléfono… desapareció.