INCERTIDUMBRE..

Abril 9, 2008

Esa noche no hablaron. Se acercaron, se miraron, con certeza pero tristes sonrieron; se mimaron, cocinaron pero no comieron, se abrazaron y fingieron dormir.

Consternado, un fino temblor acompañaba su pulso cautivo de la incertidumbre. La verdad valía el fuego, pensó. Debía confiar, y confiaba. Conocía de antemano el desenlace, era lo justo, mas no pudo evitar el trance. Se sintió como cristo en la cruz, al caer la tarde el viernes de las sombras, pero ya era sábado…

Ella respetó su silencio. Se pegó a su espalda como si quisiera evitar la entrada de algún mal recuerdo, posó ligerísimos los labios el la base su cuello y lo abrazó deseando arroparlo todo. Lo sintió orgulloso y frágil, esbelto, cansando, vencido, sencillo; complicado; pidiendo su abrazo y su espacio como si fueran la misma cosa, pero sobre todo sin pedirlo. Por suerte los hombres son los sencillos, pensó casi dejando escapar una carcajada que no estaría dispuesta a confesar, pues, fuera de la tristeza, bien le divertía contemplarlo en su encrucijada. Verlo con su cuerpo casi todo relajado menos, en la frente, ese lugar donde conjuraba los universos que nacían, colisionaban, florecían, se conjugaban y atropellaban para no dejarlo dormir. Disfrutaba intensamente el poder estar cerca sabiéndose poseedora de una magia ancestral capaz de alterar ese orden cósmico, liberar su energía, conjugarla y hacerla en su cuerpo, plural.

Él se dio vuelta, sonrió con malicia buscándola en la oscuridad, deslizando los dedos que se abrieron paso por esos muslos de mujer que prestos lo envolvieron. Subió la temperatura, también la humedad. Cedió. A pesar de todo, ella olía a primavera.

Que bueno que somos mamíferos, pensó antes de morir.