AL PEQUEÑO Y OBSESIVO SEÑOR QUE VIVE Y CORRIGE EN MI COMPUTADOR.

Dentro del computador existe alguien que, ya sea esta persona hombre o mujer, ha de ser  por necesidad -y como casi todo crítico que nunca se ha ocupado del oficio que critica- en extremo pequeña; lo cual, hace indispensable recurrir al uso del diminutivo pertinente para referirnos, en cualquier caso, a ella o a él.

 

Tipeo-tripeo-tapeo undo.. escribo sin precaución a ver si el cerebro y las manos se ponen de acuerdo en algo aleje al suicidio de mi pensamiento. Una tediosa repetición se burla de mi intento de escritura automática. Una función, precisamente automática, del computador, se empeña en contradecir todo lo que le parece. Pero cuando voy a estallar de la rabia frente a la estupidez de la inteligencia artificial, requisito previo al insulto enfático del monitor de turno, una ironía ciega decide alojárseme en el paladar.

 

Resulta, que a pesar de ser el monitor la víctima estadística por excelencia de los improperios de quienes somos selectivamente afectados por la dictadura informática, nuestra hostilidad es, al menos en parte, producto de una grosera insensibilidad frente a la opresión de la que son víctimas otras y otros oprimidos de la tierra. Pensamos solo en el producto consumido o por consumir e ignoramos toda la gente, plantas, animales, tierra, fuego, agua y viento que ha sido afectado solo para que semejante manual para dibujar mariposas se presente frente a mi “sin desperdicios” a cada oportunidad.    

 

Normalmente, si es que tal cosa existe, me siento sobre el computador y comienzo a tipear sin remordimientos aquellos garabatos recogidos durante el día, que podrían, con el debido trabajo, alumbrarse en versos de algún poema que valga la pena compartir. Pero hoy me parece justo, al menos por una vez, dedicar un par de líneas a este ser misterioso que al primer espacio insiste en que no existen las palabras que hablan de lo que quiero. Las marca en rojo, o en verde, cambiándolas descaradamente, casi siempre, sin permiso. Pero podría vengarme. Saberlo me consuela. Lo he pensado bien y sé que podría. Bastaría con abrir una copia del capítulo 68, y sentarnos a esperar el humo que inevitablemente cubrirá toda la habitación, dejando de paso, y para ser justos, al monitor intacto.

 

Pero la verdad, en el fondo, me parece triste. ¿Cómo se puede vivir en un mundo sin afrodigramas, ni sementerios? ¡Quien será el que le habrá convencido! que semen se escribe con “c”..

 

En fin, aunque no le conozco, algo me dice que se crió en inglés. Abro itunes, y mientras intento contártelo, el hombrecito (que de seguro trabaja para la microbasofia) al ver la hora, asume que tengo hambre y por alguna razón quiero hablarte de pescado y sin preguntarme lo cambia a atunes. Sonrío, mientras Nina, la Simone, desgarra su garganta recordándome lo que es el pecado, y porque, tal vez, sea uno recordarte. A mis narices, un olor a mar se asoma, y es tuyo, igual que habita mis dedos cuando te pienso. Para este punto ya ha subrayado casi cada palabra que he escrito y apenas se le ocurre que tal vez lo hago en otro idioma.. (Debo decir, aunque nunca en voz alta, que me impresiona esa capacidad suya de subrayar en cualquier idioma y anoto a mano, para que no se entere, que tal vez deseo viajar, aprender otra lengua…)

                            

Musespace dementia.. hago silencio con el intro. Recuerdo a mi hermano.. me invade una envidia secreta y pasajera. Felicidad compartida. Quiero whisky-güisqui, ¡no! esa diéresis es muy difícil de digerir undo-whisky, ahora sí.. busco, busco, encuentro. Vaso, ya, hielo, salud hermano.. te perderás también el cumpleaños de la hermana, la que ambos sabemos te quiere un poquito más a ti. Seguro que habrá mucha gente, mucha cerveza, margaritas y tacos. Para la hora del bizcocho ya harás falta. Veremos una perdida. Buscaremos con los viejos la forma de llamarte. Será en vano. Haremos dos o tres cuentos sobre algo trivial que tenga que ver contigo. Habrá silencio, papá levantará un vaso y dirá ¡salud! ¡Porque aquí ¡carajo! se celebran los hijos aun a pesar de ellos! Reiremos, honestamente reiremos, brillarán los ojos y hasta la próxima canción, seguirás haciendo falta, sin que nadie lo mencione en voz alta.

 

Sonarán más canciones, algo de Spinetta; algunos se irán. Recordaré haber dejado algo escrito en el computador encendido, iré, leeré; ignoraré tu historia sin historia: sin mujeres, sin sexo, sin amigos; sin revolución. Bailará la noche sobre una caricia en mi lengua. Todavía habrá gente para amar. Iremos al mar, en busca del origen de la luz. Desayunaremos sol, y agua. Dos amantes hablarán sobre el sentido de sus pieles. Tiradentes, un poema en la pared, regresaremos vivos, más despiertos. Despertaremos a quienes cayeron dormidos. Ella seguirá siendo hermosa. El seguirá soñando tequila y con las patas de la silla que le daba sombra. Reiremos. Tu seguirás esperando que venga a contarles imaginando que te cuento todo a ti; y yo al fin me daré cuenta que no existes, que a santa cló se lo inventó la coca cola y que el capitalismo mata, y es una mierda.. Así que vete, necesito conspirar. ¿Qué te impide suicidarte?

 

2 comentarios para “AL PEQUEÑO Y OBSESIVO SEÑOR QUE VIVE Y CORRIGE EN MI COMPUTADOR.”

  1. daniO Dice:

    “que a santa cló se lo inventó la coca cola ”
    Me encantó.
    No!
    Me encanta :)

  2. Anadell Dice:

    No se como lo haces pero es genialllllllllllll
    yo al fin me daré cuenta que no existes, que a santa cló se lo inventó la coca cola y que el capitalismo mata, y es una mierda.. Así que vete, necesito conspirar. ¿Qué te impide suicidarte?

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