AL PEQUEÑO Y OBSESIVO SEÑOR QUE VIVE Y CORRIGE EN MI COMPUTADOR.

Septiembre 3, 2008

Dentro del computador existe alguien que, ya sea esta persona hombre o mujer, ha de ser  por necesidad -y como casi todo crítico que nunca se ha ocupado del oficio que critica- en extremo pequeña; lo cual, hace indispensable recurrir al uso del diminutivo pertinente para referirnos, en cualquier caso, a ella o a él.

 

Tipeo-tripeo-tapeo undo.. escribo sin precaución a ver si el cerebro y las manos se ponen de acuerdo en algo aleje al suicidio de mi pensamiento. Una tediosa repetición se burla de mi intento de escritura automática. Una función, precisamente automática, del computador, se empeña en contradecir todo lo que le parece. Pero cuando voy a estallar de la rabia frente a la estupidez de la inteligencia artificial, requisito previo al insulto enfático del monitor de turno, una ironía ciega decide alojárseme en el paladar.

 

Resulta, que a pesar de ser el monitor la víctima estadística por excelencia de los improperios de quienes somos selectivamente afectados por la dictadura informática, nuestra hostilidad es, al menos en parte, producto de una grosera insensibilidad frente a la opresión de la que son víctimas otras y otros oprimidos de la tierra. Pensamos solo en el producto consumido o por consumir e ignoramos toda la gente, plantas, animales, tierra, fuego, agua y viento que ha sido afectado solo para que semejante manual para dibujar mariposas se presente frente a mi “sin desperdicios” a cada oportunidad.    

 

Normalmente, si es que tal cosa existe, me siento sobre el computador y comienzo a tipear sin remordimientos aquellos garabatos recogidos durante el día, que podrían, con el debido trabajo, alumbrarse en versos de algún poema que valga la pena compartir. Pero hoy me parece justo, al menos por una vez, dedicar un par de líneas a este ser misterioso que al primer espacio insiste en que no existen las palabras que hablan de lo que quiero. Las marca en rojo, o en verde, cambiándolas descaradamente, casi siempre, sin permiso. Pero podría vengarme. Saberlo me consuela. Lo he pensado bien y sé que podría. Bastaría con abrir una copia del capítulo 68, y sentarnos a esperar el humo que inevitablemente cubrirá toda la habitación, dejando de paso, y para ser justos, al monitor intacto.

 

Pero la verdad, en el fondo, me parece triste. ¿Cómo se puede vivir en un mundo sin afrodigramas, ni sementerios? ¡Quien será el que le habrá convencido! que semen se escribe con “c”..

 

En fin, aunque no le conozco, algo me dice que se crió en inglés. Abro itunes, y mientras intento contártelo, el hombrecito (que de seguro trabaja para la microbasofia) al ver la hora, asume que tengo hambre y por alguna razón quiero hablarte de pescado y sin preguntarme lo cambia a atunes. Sonrío, mientras Nina, la Simone, desgarra su garganta recordándome lo que es el pecado, y porque, tal vez, sea uno recordarte. A mis narices, un olor a mar se asoma, y es tuyo, igual que habita mis dedos cuando te pienso. Para este punto ya ha subrayado casi cada palabra que he escrito y apenas se le ocurre que tal vez lo hago en otro idioma.. (Debo decir, aunque nunca en voz alta, que me impresiona esa capacidad suya de subrayar en cualquier idioma y anoto a mano, para que no se entere, que tal vez deseo viajar, aprender otra lengua…)

                            

Musespace dementia.. hago silencio con el intro. Recuerdo a mi hermano.. me invade una envidia secreta y pasajera. Felicidad compartida. Quiero whisky-güisqui, ¡no! esa diéresis es muy difícil de digerir undo-whisky, ahora sí.. busco, busco, encuentro. Vaso, ya, hielo, salud hermano.. te perderás también el cumpleaños de la hermana, la que ambos sabemos te quiere un poquito más a ti. Seguro que habrá mucha gente, mucha cerveza, margaritas y tacos. Para la hora del bizcocho ya harás falta. Veremos una perdida. Buscaremos con los viejos la forma de llamarte. Será en vano. Haremos dos o tres cuentos sobre algo trivial que tenga que ver contigo. Habrá silencio, papá levantará un vaso y dirá ¡salud! ¡Porque aquí ¡carajo! se celebran los hijos aun a pesar de ellos! Reiremos, honestamente reiremos, brillarán los ojos y hasta la próxima canción, seguirás haciendo falta, sin que nadie lo mencione en voz alta.

 

Sonarán más canciones, algo de Spinetta; algunos se irán. Recordaré haber dejado algo escrito en el computador encendido, iré, leeré; ignoraré tu historia sin historia: sin mujeres, sin sexo, sin amigos; sin revolución. Bailará la noche sobre una caricia en mi lengua. Todavía habrá gente para amar. Iremos al mar, en busca del origen de la luz. Desayunaremos sol, y agua. Dos amantes hablarán sobre el sentido de sus pieles. Tiradentes, un poema en la pared, regresaremos vivos, más despiertos. Despertaremos a quienes cayeron dormidos. Ella seguirá siendo hermosa. El seguirá soñando tequila y con las patas de la silla que le daba sombra. Reiremos. Tu seguirás esperando que venga a contarles imaginando que te cuento todo a ti; y yo al fin me daré cuenta que no existes, que a santa cló se lo inventó la coca cola y que el capitalismo mata, y es una mierda.. Así que vete, necesito conspirar. ¿Qué te impide suicidarte?

 


XX

Mayo 1, 2008

 

Si habría de encontrarla sería sentada en la zona y habrían dos posibilidades. Estaría en el parque, en la esquina, con Las Mercedes y las Damas a las espaldas. Seguramente disimulando el asco ante la mirada lasciva del romeo uniformado, a quien limpia las botas un niño que no alcanzará los diez.

 

Si en verdad la encuentro allí, tendrá la mirada dispersa y el sueño fruncido por la rabia, rodeada de artistas, vasos y otras cosas así, tan plásticas. Tan pronto me acerque partirá su mirada el aire rancio atravesando el parque, y nacerá amorfa, confusa detenida a mis pies. Luego sin decir nada aún, se levantará y mostrará su verdadera forma, sin que nadie más que yo pueda verla.

 

Si no, de seguro estará en la plaza del solazo acostada en un banco en el que a otras horas son envidiosamente detenidas las parejas por mirase con ternura, por decir en voz baja cosas como: te deseo amor, no me des tregua… ellas, las parejas, pasarán a los titulares como terroristas inmorales, mientras en la misma primera plana exoneran a cada implicado del último y multimillonario fraude bancario. Pero a estás horas, mientras la luna todavía es grande y amarilla, ha de estar tendida buscando en las nubes los caprichos de alguna diosa. De ser así, me acercaré sin perderla de vista, me sentaré a su lado, pero en el suelo, a esperarla conteniendo el aire y en mi rostro una sonrisa marcará su retorno.

 

Pero se hace tarde y aquí estoy, en el parque. Ella no está. Debí estar primero en la plaza. Miro fijamente al policía y, mientras lo odio, lo sé: después del próximo café ella habrá desaparecido, ya no podré encontrarla y un frío absurdo me morderá por dentro, y no querrá soltarme.

 

Me sentaré con los perros, rendido, buscaré sin suerte en algún bar, exhausto me rendiré, y allí, donde mueren las sombrillas, estará ella mirándome enojada.


DE TUMBAS, AMORES, VERDADES Y ABISMOS

Abril 17, 2008

 

Tres ocasos después, al doblar la esquina, las dudas prendidas en tus labios me revolvieron el estómago. No había más excusas, no era tiempo de caballos, soledades o peces ya que, afortunadamente, entre los cabellos negros que me bañaban y los ricitos castaños que me hacían cosquillas, no había espacios para abismos; o al menos eso creía yo. Pero, como con eso de los abismos suele ocurrir que los más hondos van cubiertos de piel, -y todos sabemos que la piel tostada por el deseo encubre muy bien esos dolores-, no tenía la certeza. Aún así, allí, tendido entre cabellos, suspiros, envuelto en el olor a cuerpos húmedos y pegajosos me sentí a salvo.

 

Pero ahora, entre la risa de los sepulcros, los atardeceres violeta en los espejos rotos y algunos secretos recién contados… te busco. Porque traicionamos al olfato no puedo encontrarte, y tengo miedo. No es siquiera que me asechas tras los mármoles eternos, sino que en esta orilla de tu noche sé, que preñados de impaciencia –y fantasmas-, nos buscamos, pero el chelo hoy no toca música de encuentros; no lo hace nunca, y sin embargo…  Sé, ahí estás.

 

No logro verte. Mis llagas acarician las lenguas de estos mis perros compañeros de viaje. Sí, es verdad, estas cicatrices mal curadas tal vez llevan tu nombre, pero no son solo tuyas. Algunas, las que arden mientras me acerco, son hijas de la noche de sombras amarillas y ventiladores inmóviles y,-aunque tengan tu nombre- de una silueta que no es la tuya.

 

Aquí, tras los sepulcros donde habita tu olor… espero. Conmigo arrastro los cadáveres que encontré en el camino, esos que las verdades brutales dejaron sin sus máscaras, esos que después de tanto dolor lograron ser libres. Incluso arrastro al de aquel que cayera de los abismos agridulces de una cama mojada, a los pisos helados de un motel de tercera, aquel que danzara con el diablo al ritmo del zumbido de las moscas, y a quien, de entre las crepitaciones de sus facciones podridas, le fuera tendido un puente de placer: placer de fatalidades y vampiros y de cíclopes y de lenguas de fuego…

 

Ya son libres pero aún los arrastro. Yo que aun no soy libre, los arrastro para que los veas, los toques, introduzcas el dedo en sus heridas, que su olor te atormente hasta que la belleza de su libertad te de asco y después -cuando vomites- nazcas de nuevo, para que al fin, pueda Yo ser libre y amarte.


INCERTIDUMBRE..

Abril 9, 2008

Esa noche no hablaron. Se acercaron, se miraron, con certeza pero tristes sonrieron; se mimaron, cocinaron pero no comieron, se abrazaron y fingieron dormir.

Consternado, un fino temblor acompañaba su pulso cautivo de la incertidumbre. La verdad valía el fuego, pensó. Debía confiar, y confiaba. Conocía de antemano el desenlace, era lo justo, mas no pudo evitar el trance. Se sintió como cristo en la cruz, al caer la tarde el viernes de las sombras, pero ya era sábado…

Ella respetó su silencio. Se pegó a su espalda como si quisiera evitar la entrada de algún mal recuerdo, posó ligerísimos los labios el la base su cuello y lo abrazó deseando arroparlo todo. Lo sintió orgulloso y frágil, esbelto, cansando, vencido, sencillo; complicado; pidiendo su abrazo y su espacio como si fueran la misma cosa, pero sobre todo sin pedirlo. Por suerte los hombres son los sencillos, pensó casi dejando escapar una carcajada que no estaría dispuesta a confesar, pues, fuera de la tristeza, bien le divertía contemplarlo en su encrucijada. Verlo con su cuerpo casi todo relajado menos, en la frente, ese lugar donde conjuraba los universos que nacían, colisionaban, florecían, se conjugaban y atropellaban para no dejarlo dormir. Disfrutaba intensamente el poder estar cerca sabiéndose poseedora de una magia ancestral capaz de alterar ese orden cósmico, liberar su energía, conjugarla y hacerla en su cuerpo, plural.

Él se dio vuelta, sonrió con malicia buscándola en la oscuridad, deslizando los dedos que se abrieron paso por esos muslos de mujer que prestos lo envolvieron. Subió la temperatura, también la humedad. Cedió. A pesar de todo, ella olía a primavera.

Que bueno que somos mamíferos, pensó antes de morir.


VIOLETA

Abril 5, 2008


La chica de las marcas besó el rostro del azar por última vez. La mañana anterior seguía negándose a despertar esperando los sueños prometidos, pero estos no llegaban. La estirpe de los días lineales exigía explicaciones a la mañana que, mucho tiempo después, fue obligada a ceder y encerrada junto a ese día entre el domingo y el lunes que ya nunca usamos.


UN PRELUDIO REPLETO DE AZARES

Abril 1, 2008

La moneda cayó por tercera vez. De haberlo deseado todo hubiese terminado aquí… Cara. Perdí. Así que empezamos de nuevo. Nos unían aún el sabor a sal de las pieles mojadas, el odio hipócrita a Cortázar, la incertidumbre del próximo encuentro. 

Era la segunda luna de mayo y pronto debían subir las mareas. Mientras tanto: insomnio. Insomnio de uñas, dedos, piernas, espaldas y suspiros; dulce insomnio de cantos, versos y lenguas… De antemano sabíamos que perder, y perder, nunca han sido lo mismo, sin embargo, también sabíamos que esta vez había perdido yo. Sonó el teléfono… desapareció.